


Quién soy
Permitidme que me presente.
Soy Marta. Aunque dependiendo de quién me llame puedo ser Martona, Tuki o cualquier otro de esos nombres que nacen del cariño. Sea cual sea el nombre, siempre encontraréis a la misma persona detrás: cercana, inquieta y apasionada por todo aquello que se crea desde el corazón.
Todo sobre mi
Desde pequeña he sentido una conexión especial con los animales, la naturaleza, el arte, la decoración y esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos, pero que son capaces de transformar un momento en un recuerdo.
Mi vena artística llamó a la puerta muy pronto. Sin embargo, en aquel momento la vida parecía tener otros planes. Era tiempo de estudiar, de construir una carrera profesional y de seguir el camino que se esperaba de mí. Así fue como me formé en empresariales y desarrollé mi trayectoria profesional.
Pero hay sueños que nunca desaparecen; simplemente esperan el momento adecuado para volver a florecer.
Con los años crecí profesionalmente, pero también como persona, como madre, como hija y como amiga. Y fue precisamente en ese crecimiento donde volví a encontrar aquella parte de mí que llevaba tiempo dormida. Empecé a escuchar de nuevo esa voz creativa que siempre había estado ahí, esperando su oportunidad.
Entonces apareció Encarna.
Con su apoyo, sus enseñanzas y su confianza, esa inquietud artística comenzó a tomar fuerza. Lo que empezó como una simple curiosidad se convirtió en una auténtica transformación personal. Una catarsis que me permitió reconectar con quien realmente soy.
Recuerdo que unas amigas me definieron una vez como un volcán. En aquel momento me hizo sonreír, pero con el tiempo entendí perfectamente lo que querían decir. Dentro de mí habitaban ideas, emociones, proyectos y una creatividad que solo necesitaban encontrar una salida. Y cuando lo hicieron, comenzaron a brotar con fuerza.
Pero todo volcán necesita alguien que ayude a dar forma a su lava.
Y ahí apareció Andrea, una de esas personas vitamina que iluminan los caminos y multiplican las posibilidades. Con su talento, su visión y su apoyo, ayudó a transformar todas aquellas ideas dispersas en algo tangible, bonito y lleno de significado.
De la unión de todas esas personas, experiencias, aprendizajes, emociones y sueños nace Kokoro.
Un proyecto que representa mucho más que la artesanía. Representa el valor de creer en uno mismo, de volver a conectar con aquello que nos hace felices y de descubrir que nunca es tarde para dar vida a lo que llevamos dentro.
Porque Kokoro no es solo una marca.
Es una parte de mi historia.
